Las estatuas que caminan


En la otra punta del mundo, atravesando una burrada de kilómetros de agua desde el cacho de tierra más cercano, hay una bellísima isla que, por haber sido descubierta el día de Pascua de Resurrección, se llama la Isla de Pascua:

Se cuenta que sus antiguos habitantes, conocidos como los rapanui, llegaron hace 1600 años desde la mítica isla de Hiva, guiados por su primer ariki (rey), Hotu Matu’a.

Adoraban a sus antepasados, a quienes representaban con estatuas gigantescas, llamadas moái, de las que llegaron a hacer unas mil. Aquí tenéis unos cuantos:

En su momento de mayor esplendor, los rapanui crearon una avanzada civilización, que se dividía en dos grupos, a los que llamaban «los orejas pequeñas» y «los orejas largas», que, por lo que dicen, eran muy hábiles labrando la piedra.

Aquí tenéis un ejemplo de rongo-rongo, el idioma de los rapanui:

Si no habéis entendido lo que pone, es normal: hoy en día ya no queda nadie que sepa leerlo.

Cuando los rapanui llegaron a la isla, estaba cubierto de hermosos bosques, pero, con el tiempo, fueron cortando todos los árboles, hasta que, hace unos cuatro siglos, la ecología de la isla estaba tan mal, que empezaron a pasar hambre. Estallaron terribles guerras entre los habitantes de la isla, y situación llegó a ser tan terrible que acabaron ocultándose en cuevas para huir de sus enemigos. Para cuando llegaron los descubridores europeos quedaban ya pocos nativos con vida, por lo que se sabe muy poco sobre su cultura.

Uno de los mayores misterios es cómo pudieron los rapanui construir los moáis y colocarlos donde están, pesando como pesan varias toneladas. Según las leyendas, nadie los movió: había gente que tenía el don de hacerlos andar siempre que querían. Se ha pensado en sistemas como llevarlos sobre rodillos, arrastrándolos, etc., pero la mayoría de esos sistemas, simplemente, no aguantan tanto peso. ¿Cómo lo hacían? Quizá la respuesta esté en este vídeo que se ha grabado este mismo año:

El moái que se ve en el vídeo es una copia, pero está hecho de la misma piedra, y pesa nada menos que 5 toneladas (que viene a ser lo que pesan 5 coches).

Así que quizá las leyendas sean ciertas…

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Evangelio según San Marcos 5, 21-43


En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago. Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y al verlo se echo a sus pies, rogándole con insistencia:

— Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.

Jesús se fue con le acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacia doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero en vez de mejorar se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido, curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado.

Jesús, notando que había salido una fuerza de él, se volvió enseguida en medio de la gente, preguntando:

— ¿Quién me ha tocado el manto?

Los discípulos le contestaron:

–Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿quién me ha tocado?”

Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echo a los pies y le confesó todo. Él le dijo:

— Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y con salud.

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

— Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

— No temas; basta que tengas fe.

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban. Entró y les dijo:

— ¿Qué estrépito y que lloros son estos? La niña no está muerta, está dormida.

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos, y con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes entró donde estaba la niña, la cogió de la mano, y le dijo:

— Talitha qumi (que significa: contigo hablo, niña, levántate).

La niña se puso en pie inmediatamente y echo a andar –tenía doce años–. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor

Capitán América


El próximo sábado, 30 de junio, podremos disfrutar de esta fantástica película en Erandio, concretamente en la plaza Irailaren 23. Es gratis y apta para mayores de 7 años, así que invitad a todos vuestros amigos.

Y os preguntaréis, de qué va la película? Pues os podemos decir que el Dr. Abraham Erskine es un científico que trabaja en el Proyecto Renacimiento: por medio de un suero experimental, podrá crear súper soldados que lucharán contra los nazis. Steve Rogers se ofrecerá como voluntario para probarlo, convirtiéndose entonces en el Capitán América, y se unirá a Bucky Barnes y Peggy Carter para combatir a la organización Hydra, dirigida por el villano Cráneo Rojo.

Evangelio según San Lucas 1, 57-66.80


A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaron Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:

— ¡No! Se va a llamar Juan.

Le replicaron:

—Ninguno de tus parientes se llama así.

Entonces preguntaban por señas del padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que le oían reflexionaban diciendo:

— ¿Qué va a ser este niño?

Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor.