Rapunzel


Versión original de los hermanos Grimm, tomada de Wikisource

Había en una ocasión un matrimonio que deseaba hacía mucho tiempo tener un hijo, hasta que al fin dio la mujer esperanzas de que el Señor quería se cumpliesen sus deseos. En la alcoba de los esposos había una ventana pequeña, cuyas vistas daban a un hermoso huerto, en el cual se encontraban toda clase de flores y legumbres. Se hallaba empero rodeado de una alta pared, y nadie se atrevía a entrar dentro, porque pertenecía a una hechicera muy poderosa y temida de todos. Un día estaba la mujer a la ventana mirando al huerto en el cual vio un cuadro plantado de ruiponches, y la parecieron tan verdes y tan frescos, que sintió antojo por comerlos. Creció su antojo de día en día y, como no ignoraba que no podía satisfacerle, comenzó a estar triste, pálida y enfermiza. Asustose el marido y la preguntó:

-¿Qué tienes, querida esposa?

-¡Oh! -le contestó- si no puedo comer ruiponches de los que hay detrás de nuestra casa, me moriré de seguro.

El marido, que la quería mucho, pensó para sí:

-Antes de consentir en que muera mi mujer, la traeré el ruiponche, y sea lo que Dios quiera.

Al anochecer saltó las paredes del huerto de la hechicera, cogió en un momento un puñado de ruiponche, y se lo llevó a su mujer, que hizo enseguida una ensalada y se lo comió con el mayor apetito. Pero la supo tan bien, tan bien, que al día siguiente tenía mucha más gana todavía de volverlo a comer; no podía tener descanso si su marido no iba otra vez al huerto. Fue por lo tanto al anochecer, pero se asustó mucho, porque estaba en él la hechicera.

-¿Cómo te atreves -le dijo encolerizada- a venir a mi huerto y a robarme mi ruiponche como un ladrón? ¿No sabes que puede venirte una desgracia?

-¡Ah! la contestó, perdonad mi atrevimiento, pues lo he hecho por necesidad. Mi mujer ha visto vuestro ruiponche desde la ventana, y se le ha antojado de tal manera que moriría si no lo comiese.

La hechicera le dijo entonces, deponiendo su enojo:

-Si es así como dices, coge cuanto ruiponche quieras, pero con una condición: tienes que entregarme el hijo que dé a luz tu mujer. Nada le faltará, y le cuidaré como si fuera su madre.

El marido se comprometió con pena, y en cuanto vio la luz su hijo le presentó a la hechicera, que puso a la niña el nombre de Rapunzel (que significa ruiponche) y se la llevó.

Rapunzel era la criatura más hermosa que ha habido bajo el sol. Cuando cumplió doce años la encerró la hechicera en una torre que había en un bosque, la cual no tenía escalera ni puerta, sino únicamente una ventana muy pequeña y alta. Cuando la hechicera quería entrar se ponía debajo de ella y decía:

Rapunzel, Rapunzel,
echa tus cabellos
subiré por ellos.

Pues Rapunzel tenía unos cabellos muy largos y hermosos y tan finos como el oro hilado. Apenas oía la voz de la hechicera, desataba su trenza, la dejaba caer desde lo alto de su ventana, que se hallaba a más de veinte varas del suelo y la hechicera subía entonces por ellos.

Mas sucedió, trascurridos un par de años, que pasó por aquel bosque el hijo del rey y se acercó a la torre en la cual oyó un cántico tan dulce y suave que se detuvo escuchándole. Era Rapunzel que pasaba el tiempo en su soledad entreteniéndose en repetir con su dulce voz las más agradables canciones. El hijo del rey hubiera querido entrar, y buscó la puerta de la torre, pero no pudo encontrarla. Marchóse a su casa, pero el cántico había penetrado de tal manera en su corazón, que iba todos los días al bosque a escucharle. Estando uno de ellos bajo un árbol, vio que llegaba una hechicera, y la oyó decir:

Rapunzel, Rapunzel,
echa tus cabellos
subiré por ellos.

Rapunzel dejó entonces caer su cabellera y la hechicera subió por ella.

“Si es esa la escalera por que se sube”, se dijo el príncipe, “quiero yo también probar fortuna”.

Y al día siguiente, cuando empezaba a anochecer, se acercó a la torre y dijo:

Rapunzel, Rapunzel,
echa tus cabellos
subiré por ellos.

Enseguida cayeron los cabellos y subió el hijo del rey. Al principio se asustó Rapunzel cuando vio entrar un hombre, pues sus ojos no habían visto todavía ninguno, pero el hijo del rey comenzó a hablarla con la mayor amabilidad, y la refirió que su cántico había conmovido de tal manera su corazón, que desde entonces no había podido descansar un solo instante y se había propuesto verla y hablarla. Desapareció con esto el miedo de Rapunzel y cuando le preguntó si quería casarse con él, y vio que era joven y buen mozo, pensó para sí: “Le querré mucho más que a la vieja hechicera.”

Le dijo que sí, y estrechó su mano con la suya, añadiendo:

-De buena gana me marcharía contigo, pero ignoro cómo he de bajar; siempre que vengas tráeme cordones de seda con los cuales iré haciendo una escala, y cuando sea suficientemente larga, bajaré, y me llevarás en tu caballo.

Convinieron en que iría todas las noches, pues la hechicera iba por el día, la cual no notó nada hasta que le preguntó Rapunzel una vez:

-Dime, abuelita ¿cómo es que tardas tanto tiempo en subir, mientras que el hijo del Rey llega en un momento a mi lado?

-¡Ah, pícara! -le contestó la hechicera- ¡Qué es lo que oigo! ¡Yo que creía haberte ocultado a todo el mundo, y me has engañado!

Cogió encolerizada los hermosos cabellos de Rapunzel, los dio un par de vueltas a su mano izquierda, tomó unas tijeras con la derecha, y tris, tras, los cortó, cayendo al suelo las hermosas trenzas, y llegó a tal extremo su furor que llevó a la pobre Rapunzel a un desierto, donde la condenó a vivir entre lágrimas y dolores.

El mismo día en que descubrió la hechicera el secreto de Rapunzel, tomó por la noche los cabellos que la había cortado, los aseguró a la ventana, y cuando vino el príncipe dijo:

Rapunzel, Rapunzel,
echa tus cabellos
subiré por ellos.

Los encontró colgando. El hijo del rey subió entonces, pero no encontró a su querida Rapunzel, sino a la hechicera, que le recibió con la peor cara del mundo.

-¡Hola! -le dijo burlándose- Vienes a buscar a tu queridita, pero el pájaro no está ya en su nido, y no volverá a cantar; le han sacado de su jaula, y tus ojos no le verán ya más. Rapunzel es cosa perdida para ti, no la encontrarás nunca.

El príncipe sintió el dolor más profundo y, en su desesperación, saltó de la torre; tuvo la fortuna de no perder la vida, pero las zarzas en que cayó le atravesaron los ojos. Comenzó a andar a ciegas por el bosque, no comía más que raíces y hierbas, y sólo se ocupaba en lamentarse y llorar la pérdida de su querida esposa. Vagó así durante algunos años en la mayor miseria, hasta que llegó al final desierto, donde vivía Rapunzel en continua angustia. Oyó su voz y creyó conocerla; fue derecho hacia ella, la reconoció apenas la hubo encontrado, se arrojó a su cuello y lloró amargamente. Las lágrimas que brotaron de sus ojos, les devolvieron su antigua claridad y volvió a ver como antes. La llevó a su reino donde fueron recibidos con gran alegría, y vivieron muchos años dichosos y contentos.

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Evangelio según San Juan 20, 19- 31


Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

— Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

— Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

— Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

— Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

— Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

— Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

— Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

— ¡Señor Mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

— ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su Nombre.

Palabra del Señor

Museo Vasco del Ferrocarril


Hola, hoy os voy a hablar de un museo que me encontré por ahí un día que iba dando un paseo. El Museo Vasco del Ferrocarril, que es un lugar en el que podréis encontraros trenes antiguos.

          Este lugar se halla en Azpeitia, a unos 50 kilómetros de San Sebastián y unos 85 de Bilbao. Además de ver trenes antiguos podréis hacer un increible viaje en tren de vapor que dura 40 minutos. Es un sitio divertido para ver aunque os aconsejo que antes de ir os informéis en la página web del museo o consigáis su número de teléfono para aseguraros de los horarios.

El mago de Oz


Dorothy era una niña más, que vivía en una granja en medio de Kansas con sus tíos, y cuyo único entretenimiento era jugar con su perrito Totó. Pero todo cambia un día en que un ciclón se lleva toda la casa por los aires, con Dorothy y Totó dentro, hasta un país desconocido del que nadie ha oído nunca hablar. Empieza entonces una increíble aventura donde Dorothy hará nuevos amigos, tratará con brujas buenas, brujas malas, munchkins, monos voladores, árboles guerreros, arañas gigantes, un espantapájaros, un hombre de hojalata, un león cobarde, y muchos, muchos más variopintos personajes, en busca del camino de vuelta a casa que sólo el mítico mago de Oz puede indicarle.

Este libro, cuyo título original en inglés es “The Wonderful Wizard of Oz” fue escrito por el estadounidense L. Frank Baum en 1900 (justo ahí, ni un año más, ni un año menos), y fue un auténtico exitazo. Había tanta gente pidiendo una continuación, que su autor acabó escribiendo una serie de nada menos que 14 libros sobre Oz y, a su muerte, otros escritores continuaron la serie hasta sumar nada menos que 40 libros (ríete tú de los 7 de Harry Potter). La mayoría no han sido traducidos al castellano; pero los primeros sí.

L. Frank Baum tuvo tiempo también de escribir muchas que no tienen que ver con Oz, como “Vida y aventuras de Santa Claus”, y un montón de cuentos variados.

Se han hecho varias adaptaciones de esta historia al cine, tanto de imagen real como de animación, siendo la más conocida la realizada en 1939 e interpretada por Judy Garland, que está bastante bien. La pega es que no salen tantas cosas como en el libro. Por ejemplo, ¡no salen los monos voladores! Increíble, ¿verdad?

Si controláis lo bastante de inglés, podéis leer este gratuitamente este libro (y buena parte de sus continuaciones) en:

Si no controláis de inglés, en cualquier biblioteca mínimamente grande es fácil de encontrar; y si buscáis en librerías hay varias ediciones para elegir.

Corrección: Tal y como comenta Vanesa, resulta que en la película sí que salen los monos voladores. ¡Vaya patinazo!  Hay un país entero que no sale, y varias cosas más, pero los monos sí que salen. ¡Gracias, Vanesa, por la corrección!

Hop


¿Habéis visto alguna vez una ardilla con una camisa a cuadros y a unos pollitos con cara de enfadados. Pues yo sí, en la foto de al lado, y si os fijáis en lo que pone de bajo de la arilla veréis una palabra, si la misma que hay encima del post. El título de la película, una película que por otra parte os divertira hasta que os duela la mandíbula de reiros, porque en esta película seguro que lo pasais un rato bien, y sino, comprobadlo con vuestra familia o amigos, porque siempre es mejor ir al cine en compañía que… no se…mirar como se moja la ropa tendida cuando llueve ¿no?

Buuu!


La Compañía Yllana se adentra en el mágico y divertido mundo del terror fantástico. Tres actores se convierten en nuestros más queridos monstruos para mostrarnos su lado más cómico. Se trata de un espectáculo para asustar al miedo a base de carcajadas.

Buuu! nos cuenta la historia de Dracool El Mago que vive en un castillo con su novia Igorina, una antigua bailarina que ha sido hechizada y convertida en un monstruo. Y por allí (un castillo terrorífico, con sus recovecos y sus telarañas) aparece un malvado ladrón, Frank, al que finalmente convierten en Frankenstein para poder romper el hechizo de Igorina.

Si quieres verlo estarán este viernes 29 de Abril en la casa de la cultura de Sondika a las 17h.

Evangelio según San Juan 20, 1-9


El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo:

—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor